Cacería de cetáceos

La cacería de cetáceos es cruel, la demanda de su carne está decayendo y no podemos asegurar que las poblaciones de cetáceos puedan sobrevivir a las cacerías a gran escala a las que se suman otras amenazas que enfrentan diariamente. Sin embargo, a pesar de las prohibiciones a la cacería comercial de cetáceos y al comercio de sus productos, Japón, Noruega e Islandia en conjunto, todavía matan cerca de 2.000 cetáceos por año y continúan con el comercio de sus subproductos. Esto debe DETENERSE.

Una vez que fue evidente que la cantidad de cetáceos que se mataban ponía en riesgo a sus poblaciones, en 1986 entró en vigor la prohibición (moratoria) de la cacería comercial de cetáceos (cacería para obtener beneficios comerciales) por parte del organismo que regula la cacería de grandes cetáceos – la Comisión Ballenera Internacional (CBI).

Sin embargo, más de 30.000 cetáceos han sido cazados desde que la prohibición entró en vigor gracias a vacíos en la legislación que permiten que ciertos países continúen cazando. Actualmente la CBI permite cazar a Noruega bajo una “objeción” a la prohibición y Japón utiliza un resquicio legal que permite a los países cazar por “motivos de investigación científica”. A Islandia se le permite también quebrar la prohibición porque abandonó la CBI en 1992 y le fue permitido reingresar 10 años después bajo una “reserva”.

Estos tres países en conjunto, matan alrededor de 2.000 cetáceos por año –mayormente Ballena fin, Ballena minke, Ballena de Bryde, Ballena sei, Ballena jorobada y Cachalote.

Creemos que esto debe detenerse. Con o sin prohibición, la cacería de cetáceos sigue siendo inhumana y las ballenas no son aptas para este tipo de uso por parte de los seres humanos (son longevas y su reproducción es lenta). No hay forma humanitaria de matar a una ballena en el mar. El proceso de caza nunca puede ser un ejercicio exacto (las ballenas son un objetivo móvil, se les dispara desde una embarcación también en movimiento y que se encuentra en un mar en movimiento). Usualmente se utilizan arpones con granadas para matar ballenas sometiéndolas a una muerte lenta y dolorosa. Más allá de lo anterior, también es muy difícil monitorear y regular la cacería de ballenas a fin de mantener las matanzas limitadas a un cierto número.

La industria ballenera y la demanda de carne de ballena están en decadencia. En muchos casos la actividad se mantiene gracias a sustanciales financiamientos gubernamentales pero la demanda de carne no es suficiente por lo que gran parte de la misma está almacenada congelada en depósitos gigantes. También se utilizan productos de ballena en suplementos para la salud, cosmética y harina de ballena. Tenemos la sospecha de que en Dinamarca se podrían haber alimentado chanchos con harina de ballena.

En las Islas Feroe también tienen lugar las llamadas “cacerías dirigidas” de cetáceos, a las que además se suman algunas comunidades de todo el mundo a las que se les permite cazar pequeñas cantidades de ejemplares por razones culturales y para hacer frente a las necesidades de sus comunidades (en lugar de cazar sólo por beneficios comerciales).

Debemos mantener la prohibición de la cacería comercial de cetáceos. Más de 88 gobiernos conforman la CBI donde por años, Japón ha estado reclutando países sin obvio interés en la cacería de ballenas, para unirse a este organismo y votar en su favor, usando ayuda para el desarrollo como incentivo para lograr su apoyo. En otros casos, muchos países que se oponían a la cacería comercial han sido persuadidos con argumentos falsos relacionados con el agotamiento de stocks pesqueros causados por la recuperación de ciertas poblaciones de ballenas o incluso presionados a tomar posición en favor de Japón.

Si se levantara la prohibición se abriría la compuerta y más países podrían unirse a las cacerías, lo que sería peligroso para la conservación de los cetáceos. Necesitamos tu aporte para ayudarnos a DETENER la cacería.