El poder del cerebro

 Bottlenose dolphin
Siempre supimos que ballenas, delfines y marsopas demostraban ser inteligentes. Sin embargo, investigaciones recientes revelan lo poco que conocemos al respecto. Se parecen mucho más a nosotros de lo que podríamos sospechar.

Aprendizaje

Para la mayoría de los animales las habilidades requeridas para la supervivencia están incorporadas a su acervo genético, manifestándose cuando es necesario. En algunos casos, como ocurre con mamíferos y aves, cada generación aprende además de sus mayores habilidades útiles para sobrevivir –tales como el seguimiento de rutas migratorias, destrezas predatorias, conciencia del peligro, entre otras. En el caso de los humanos, en lugar de simplemente transmitir las destrezas generacionales, cada individuo tiene la habilidad de educar a otros sobre la base de su propia experiencia. En este tipo de aprendizaje individual creíamos estar solos.

Sin embargo, investigaciones y observaciones realizadas en los últimos años han revelado que ballenas y delfines no sólo tienen la capacidad de aprender como individuos sino que esos individuos pueden transmitir nuevos conocimientos a otros. Esta es una forma de inteligencia que no es habitual observar en el reino animal.

Por ejemplo Kelly. Un delfín hembra que lamentablemente vive en un centro de investigación en Estados Unidos y ha sido entrenada para mantener su estanque limpio. Cada vez que trae una pieza de desechos a su entrenador, se la recompensa con un pescado. Ella ha avanzado sobre esta idea. Ahora, cuando encuentra un pedazo de papel lo esconde bajo una piedra y corta pequeños pedacitos a los que trae uno a uno a la superficie. De este modo, por una pieza de desecho consigue varios pescados. Ella notó también que las gaviotas vienen a su estanque, hambrientas, a buscar pescados. Entonces, usa uno de sus pescados como carnada, captura a las incautas aves y se las presenta a los entrenadores para recibir aún más comida. Y ella no sólo ha creado estas estrategias por sí misma, sino que incluso se las ha enseñado a su cría.

También está Billie. Un delfín hembra que fue atrapada en un canal en los años 1980, rescatada y rehabilitada en cautiverio antes de ser liberada sólo tres semanas más tarde. Los científicos se asombraron de ver que, al regresar al mar, ella comenzara a caminar con la cola, un truco que se enseña en los parques marinos para obtener recompensa que ella debe haber observado, a pesar de que durante esas tres semanas no se la entrenó. Haber aprendido la destreza tan rápidamente es una cosa… pero además Billie pronto estaba enseñando a sus compañeros a hacer lo mismo. Un ejemplo de aprendizaje social y gran inteligencia.

Juego

Con frecuencia se dice que el juego es la mayor expresión de la inteligencia y tanto ballenas como delfines y marsopas se encuentran entre los animales más juguetones. Los delfines suelen seguir barcos a fin de recoger los peces arremolinados a su paso, al igual que lo hacen las gaviotas. Se los ve tanto en la popa como a babor o estribor, montando las olas como surfistas. ¿Por qué? Bien… ¿no lo harías si pudieras?

De hecho, cuando se trata de crear juegos, los delfines no tienen rival. Muchos de ellos disfrutan el juego de capturar, tal vez con un pescado o incluso una tortuga, arrojándose la presa unos a otros sin intención de comerlo. También se han descripto comportamientos de juego que nos recuerdan al ‘juego de la mancha’: un delfín golpea suavemente al otro varias veces para indicarle su deseo de jugar; otras veces se persiguen unos a otros a alta velocidad.

Algunos delfines han llevado sus juegos, literalmente, a alturas extraordinarias, y se asocian con otros animales en el proceso. Recientemente se ha revelado un video de increíbles juegos entre Delfines nariz de botella y Ballenas jorobadas en las aguas de Hawái. Los delfines nadaban hasta el rostro de la ballena, la que se eleva sobre el agua a gran altura de modo que el delfín se deslice hacia abajo en un gran chapuzón. Como el juego se repite una y otra vez, parece claro que ambos animales lo disfrutan.

Como los humanos, los cetáceos sólo quieren jugar cuando tienen ganas. Hacerlos ‘jugar’ juegos forzados en parques marinos en un momento predeterminado, para el entretenimiento de humanos, seguramente no tiene el mismo significado. En la vida silvestre, de todos modos, el juego es genuinamente contagioso y revela una profunda inteligencia que necesita liberar un poco de presión de vez en cuando.

Alimentación

Shark Bay, fuera de la línea costera de Australia. Se avista un delfín que parece estar acarreando algo. La inspección más cercana revela que se trata de una caracola, llevada en el pico del delfín como una trompeta. Un delfín nada bajo el agua, luego aparece nuevamente sobre la superficie. La caracola está llena y el delfín la sacude. El agua se escurre, quedando pequeños pescados atrapados. Un hábil movimiento de su pico y el delfín se ha ganado una sabrosa merienda.

Esta es sólo una de decenas de formas creativas en las que ballenas y delfines han perfeccionado sus métodos de alimentación por generaciones, transmitiéndose cada nuevo descubrimiento a sus pares. Los delfines nariz de botella de Australia, en particular, han desarrollado todo un rango de herramientas y métodos para ayudarse a la hora de alimentarse. Por ejemplo se ha visto ejemplares tomar una esponja y bucear al fondo de profundos canales con ella. Sujetando las esponjas en sus picos, las empujan dentro del suelo arenoso, perturbando a los pequeños peces escondidos. El pez emerge, la esponja es dejada, la comida engullida y luego se vuelve a tomar la herramienta para continuar buscando una vez más.

Humpback whales feeding
Humpback whales feeding

Las Ballenas jorobadas utilizan por ejemplo la jaula de burbujas. Una vez detectado un cardumen, atacarlo directamente implicaría dispersar los peces. En lugar de atacarlos, entonces, nadan por debajo de ellos en círculos cada vez más compactos, liberando mientras tanto burbujas de aire. Las burbujas –densamente agrupadas en círculos– ascienden en forma circular, atrapando efectivamente a los peces contra la superficie del agua y luego, en el momento correcto, las ballenas nadan a la superficie, con la boca abierta y tragan los peces en grandes cantidades. En algunos casos este comportamiento se desarrolla de manera individual mientras que en otros puede ser grupal. En este segundo caso, las ballenas pueden asumir diferentes roles: soplar de burbujas, bucear profundo para asegurar que los peces sean conducidos hacia arriba, producir sonidos para ayudar a arrear las presas. Trabajo en equipo, transmitido de generación en generación.

Otras especies también cazan de manera cooperativa. Las orcas en Noruega, por ejemplo, trabajan juntas para arrear cardúmenes de arenques. Nadando alrededor y debajo de sus presas para concentrar al cardumen contra la superficie creando una ´bola’ de peces. Luego algunos ejemplares que giran alrededor la golpean con sus colas, aturdiendo a los peces para alimentarse fácilmente.

Hay muchos otros métodos excepcionales utilizados por los cetáceos para encontrar y atrapar presas y cada uno revela altos niveles de inteligencia y cooperación social.

La necesidad de ser libres

Más allá de los fundamentos éticos en contra del mantenimiento de animales en cautiverio, a diferencia de otras especies que se adaptan mejor a estas condiciones, el caso de los cetáceos es el contrario. La expectativa de vida es considerablemente más corta en todas las especies, mientras que la mortalidad de crías es más alta. Las orcas macho, por ejemplo, viven en promedio 30 años en la naturaleza, mientras que el promedio para hembras es de 46 años, con algunos ejemplares viviendo hasta 80 o 90 años. En un análisis reciente sobre orcas nacidas en cautiverio o capturadas de la naturaleza, se encontró que su tasa de supervivencia promedio en dichas condiciones se estima en sólo 8,5 años.

Ballenas, delfines y marsopas son animales con amplios rangos de distribución que muchas veces conforman grupos sociales complejos, donde los individuos presentan diferentes grados de parentesco e interrelación con el resto de los ejemplares dentro del grupo. El hecho de removerlos de sus grupos originarios y los efectos del cautiverio en si mismos pueden resultar catastróficos. Se han documentado depresión, dolencias físicas y comportamientos aberrantes. Por lo tanto no sorprende que, cada tanto, los entrenadores sean heridos o incluso matados por los animales –como los recientes casos de ataques de orcas mantenidas en oceanarios. Adicionalmente, los animales llevados de la naturaleza al cautiverio no son los únicos que sufren. El resto de los integrantes del grupo al cual pertenecía el animal capturado se ven afectados por muchas razones sociales y los lazos vitales necesarios para la supervivencia de dicho grupo.

Muchos niños que disfrutan de los shows en oceanarios, de nadar con delfines o aquellos involucrados en terapias asistidas por delfines dicen con frecuencia que los delfines parecen muy felices. Triste pero comprensiblemente, están malinterpretando la situación. La aparente sonrisa en los rostros de los delfines es en realidad simplemente un rasgo físico, no una respuesta emocional. Es simplemente parte de la anatomía de los delfines sin importar lo tristes, enojados o enfermos que puedan estar.

Derechos

Una lectura incluso superficial de estos capítulos mostrará que ballenas y delfines llevan vidas complejas y fascinantes. Sabemos que los Delfines nariz de botella tienen consciencia de sí mismos porque pueden reconocerse en un espejo. Sabemos que algunas ballenas y delfines enseñan a sus crías a realizar tareas específicas y transfieren conocimiento entre generaciones en lo que ahora reconocemos como culturas únicas. Algunos tienen complejas formas de comunicarse entre sí y disfrutar los beneficios de vivir en grupos sociales y muchos parecen amar jugar. De hecho, nos recuerdan bastante a nosotros.

Todo esto nos plantea una pregunta. Dado que nosotros los humanos, como especie, requerimos todo lo arriba mencionado a fin de vivir nuestras vidas en plenitud, hemos reconocido que, como individuos, tenemos el derecho a estas libertades. Entonces, si ballenas y delfines gozan de vidas similarmente ricas, ¿no deberían sus derechos ser también reconocidos?

Hay un movimiento creciente que cree que sí. En 2010 se publicó un manifiesto titulado ‘Declaración de los Derechos de los Cetáceos: Ballenas y Delfines’ y la primera ONG en adoptar la Declaración fue WDCS. El documento sostiene que todas las ballenas y delfines tienen derecho a la vida, libertad y bienestar.

¿Puede realmente ocurrir tal cambio moral y legal? Bien, hace aproximadamente un siglo pocos hubieran podido imaginar que la sociedad humana protegería la vida silvestre por el bien de la vida silvestre en sí misma. Hoy en día, sin embargo, el concepto de conservación ya ha sido aceptado y para cada generación es difícil comprender la negligencia de su predecesora. Tal vez un día habrá una generación que cavile: ‘es increíble pensar que nuestros abuelos no comprendieran que ballenas y delfines tienen derechos’. Estos son tiempos de cambio.